jueves, marzo 29, 2007

Declaración de la renta

El mundo necesita más amor y menos burocracia (Pearl Baely)

Tiene narices que la primera declaración de la renta que haga en mi vida sea en otro idioma y cuando ni siquiera tengo para declarar un mísero céntavo como ingreso (oficial). Pues sí. Despues de pasarme diez días con el macuto a cuestas entre New York, Philadelphia y New York otra vez me marcho del mundo civilizado para regresar al pueblo de la unica tienda de huevos que al parecer no está libre tampoco de todo el papeleo burocrático. Abro el correo y en mayúsculas, por cuatro veces, un e-mail que me recuerda que se me acaba el plazo para presentar mi declaración de la renta este miercoles pasado. Que cruz. Resignada, sin apenas darme tiempo a acostumbrarme a este frio otra vez, con el gorrito aún en mi cabeza, agarro el sobre color salmón de "Papeles Importantes" y me dirigo a la sesión informativa para la que se supone tenia que haber pedido hora. Mi cara de cordero degollado ablanda el corazon del negro que lleva la lista y me deja sentarme en un ordenador con un viajales de esos que el imaginario popular clasifica como "ratón de biblioteca" ( recordad, para que haya excepciones a la regla tiene que haber una regla) Y entonces durante los proximos veinte minutos clikeo en el botón de siguiente una y otra vez, con el viejales detrás todo el tiempo preguntandome por dos veces que es extraño que no haya trabajado durante un año en el país. No voy a ser yo quien le diga que para la primera declaración de la renta que tengo que hacer ya he desfalcado a la Hacienda Pública dinero. Que por mucho que estire mis honorarios de las clases de español no dan para dar ni una perra a un gobierno que ni siquiera es el mío. Dejo al viejales con la mosca detrás de la oreja. Imprimo mi preciada declaración, y pongo el sello de 39 centavos para que el sobre llegue a algun lugar perdido en Austin, Texas. Camino de regreso al apartamento tras pasarme por la Oficina del Decano para recoger mi entrada "personal e instransferible" para tener una audiencia con el Dalai Lama el 9 de mayo y me encuentro tirado en el suelo una moneda de 25 centavos. Me agacho y la recojo, que dicen que ese tipo de cosas dan suerte. Decido atajar por el bosquecillo, aunque ahora este todo enfangado. Y ahí, cerca de donde estos tienen colgada la hamaca, me encuentro otra moneda de 25 centavos. Me agacho y la recojo. En mi primera declaración de la renta me han devuelto 11 centavos. No está nada mal. ¿ Que pasara cuando declare honestamente mis ingresos el proximo año?

4 Comments:

At 18:58, Blogger ElJUaNKeR said...

Oleeeeeeeee
Esta vivaaaaaaa
voy a leer el post del "retorno al mundo al mundo de los vivos.

 
At 19:11, Blogger ElJUaNKeR said...

Ya vamos teniendo una edad como para haber hecho la declaracion de la renta alguna vez, vamos digo yo. Por lo menos para que te devuelvan lo suficiente para ir al cine (11 centimos, toda una fortuna si la sumamaos a los 50 recogidos por el suelo)

Si una persona recogiera todas las monedas de centimo que tiran en irlanda, se haria millonaria en menos de una semana.

 
At 09:09, Anonymous Juan said...

Raro. Elisa y yo no tuvimos que hacer nunca la declaración de la renta y eso que teníamos un trabajo oficial dentro de la universidad. Sí nos tuvimos que sacar un número de la seguridad social.
¿Al final no te fuiste ni a Chicago ni a Miami en el Spring break?
Welcome back!

 
At 08:03, Anonymous poseidon said...

Quita, quita...
Que menudo tinglao me montó mi madre con la declaración de la renta, debido a la beca que tuve el año pasado.

No me dejó hacerla (pues si la hacia, no tenía obloigación, me devolvían 120 euros), y gracias a esa feliz idea de mi madre (porque querían desgravar dinero por mí), me han hecho visitar a los "viejales" de Hacienda unas cuantas veces (y ahora ni ellos han podido desgravar ni yo recuperar mis preciados 120 euros).

Aunque he de decir, que una vez supe a que mesa dirigirme, no volví a preguntar en "Información" (sic), pues la "amable" señora que allí estaba (me imagino que fisicamente pero en mente no...) sólo sabía sacar el dedo acusador y trazar una extraña trayectoria que se supone era el camino a seguir para lograr sentarte de un "viejales". Por supuesto, sin mediar palabra por su parte, a pesar de mis múltiples intentos para que ejercitase sus cuerdas vocales.

 

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