Las piedrecitas blancas del camino
El trabajo que tenemos que llevar a cabo es distinguir entre todo lo que llevamos dentro y lo que nos rodea, elegir qué tiene que vivir y qué tiene que morir (Clarissa Pinkola Estés)
Llevamos un par de dias que la primavera brilla por su ausencia. La ropa de invierno para aquellos que no la hayan tenido que traer toda junta, la de invierno y la de verano en dos unicas maletas, estaba guardada ya en el cajón del fondo. Llueve, el cielo está encapotado, y de vez en cuando se levanta un aire juguetón que de no ser porque estamos en medio del campo te le imaginas haciendo de las suyas a alguna vestida de Marilyn Monroe, que por aquí hay muchas. En resumen, que hace mal tiempo. Por una vez en la vida, lo único que me ha provocado mi aversión a los días de lluvia es un sueño del carajo, de esos que por mas que duermas diez horas no te quieres levantar. Asi que esta mañana, aprovechando que hoy no teníamos clases, me he permitido vaguear mas de lo habitual tirada en la cama. Por la persianica esta medio esconjociada que tengo entraba ya bastante claridad, y fantaseé con el primer dia de sol de la temporada. Cual fue mi sorpresa al abrir la ventana y ver que la luz no venia del sol, sino de la nieve. No es que haya caido mucho para estos lares, pero sí lo suficente para cubrir de blanco todas las briznas de hierba que ya empezaban a asomar bajo los cuidados de los jardineros que ayer estaban trabajando en este campo sin fin. Me he sorprendido, todo hay que decirlo. Ayer justo caminaba por el bosquecillo pensando que seguramente este sea el invierno más duro de toda mi vida a dia de hoy, y que sin embargo echare de menos el sonido de los playeros sobre la nieve ya compacta y los copos en mi cara. Y hoy, ahí estaba la pequeña nevada, como diciendome adiós, no te quejes, que siempre refunfuñas. Pensando en esto iba yo cuando he visto la parcarta enorme con el slogan de la universidad que cuelgan siempre en el puentecillo que une la biblioteca con el polideportivo y que da la bienvenida a los estudiantes. Y entonces me di cuenta que invariablemente esa es la señal mañanera que me dice que algun evento que implica a padres y más niños pijos en el campus se celebra ese día. Interesante observación despues de casi siete meses aquí. Y luego, como quien no quiere la cosa, por primera vez en la vida, he salido de la secretaria de una facultad sin jurar en arameo, recuperando mi fe en la raza funcionaria. Curioso, he pensado mientras esperaba el autobus en el pueblo de la única tienda de huevos al darme cuenta de que mis pretensiones por cumplir con mis deberes religiosos habían sido frustadas porque la iglesia estaba cerrada. No es que estuviese especialmente desilusionada, la verdad sea dicha, pero para una vez que me decido ir a misa, aprovechando la venada de la Semana Santa que no es que llegue a estas tierras pero que se tiene presente a través de las conversaciones semanales con España ,y la Iglesia está cerrada. Reafirmo mi creencia de que la Iglesia nunca está cuando se la necesita. Y entonces, llegado el momento de la siesta que en este pais se adelanta como tres horas debido a sus extraños horarios de comida, me he encontrado espatarrada en uno de los sofas de la biblioteca luchando por mantener los ojos abiertos mientras leía un interesante articulo sobre cómo recordamos el pasado e imaginamos el futuro. La modorra me ha llegado y he sido indulgente conmigo misma una vez más. De vuelta al apartamento, con las tripas exigiendome ya la cena, me he parado un momento en el bosquecillo porque había una magnífica vista de las montañas que rodean el valle bañadas en la luz difusa de un atardecer a medio camino entre soleado y encapotado. Una cosa detrás de otra, piedrecitas todas ellas que juntas me hacen mirar hacia atrás en este camino y me hacen pensar..: " Virginia, ya lo empiezas a echar de menos";)

1 Comments:
Parece ser que se cumple el refran, hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo. Y entre nieve y viento se va acabando el curso.
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